Me dejo amar?

Parece una compleja pregunta, pero es bastante mas simple de lo que parece.
Muchas veces nos dedicamos a dar, a entregarnos a los demás, a servir, a los mas cercanos y a otros, SERVIR. El servicio debe ser de las maneras mas lindas de amar.
<<Más bienaventurado es dar que recibir>> (Hechos 20:35)
Y con esto, dedicamos nuestra vida a los demás, a dar, a servir. Pero acaso dejamos que nos amen? Primero por el propio Dios que está tocando las puertas de nuestro corazón constantemente, y luego por nuestros hermanos. En lo sencillo, con que nos ayuden a cargar alguna bolsa pesada, en un trabajo, o en abrirse a ellos cuando se preocupan por nosotros. Todos tenemos este espacio para amar, pero también para ser amados. Abrir nuestra vida, ser vulnerables al mundo, da miedo, y por tanto preferimos ser fuertes y ayudar a todos, menos a nosotros mismos. No somos tan fuertes, y no debemos serlo. Dios está siempre presente en nuestra vida, en nuestra oración para ayudarnos a cargar nuestros temores, nuestros desafíos, pero el también se manifiesta en quienes nos rodean, El está en la persona que se ofrece a cargar tus bolsas, o quien para un segundo a preguntarnos verdaderamente como estamos. Nuestro corazón solo puede amar recibiendo amor, y si no dejamos que nos amen, cómo podemos transmitir este amor?
Quebrantar nuestro orgullo y ser humildes de corazón.
Amar y ser amado.

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